miércoles, 21 de julio de 2010

EL SINDROME DE BENJAMIN BUTTON


¿Cuando me hice grande? Hoy me hice esa pregunta mientras encaraba el cepillo de dientes frente al espejo del baño en una apuradísima mañana de invierno. No me malinterpreten...los que me han visto en vivo y en directo sostienen que “estoy igualita“ (algunos hasta dicen que mejor) y cualquiera con 2 gramos de materia encefálica y una mínima dosis de sentido común me diría que la primera hora de la mañana no es el momento idóneo para hacerse ese tipo de cuestionamientos (tampoco es bueno hacértelos en el ascensor bañada en luz fluorescente después de una trasnochada).
Sé que estaba totalmente fuera de lugar pero hoy me vi grande e instintivamente hice el “gestito“, ese que en las épocas del lifting hacían nuestras mamás buscando borrar de la cara las facturitas que te va pasando la vida, ese “gestito“ de estire virtual que volvía a poner todo en su lugar y que por ese entonces, era patrimonio de las “señoras“...que en vez de treinta y pico tenían cuarenta menos algo (y para nosotras ya eran señoras mayores).
La cabeza se me disparó, como suele hacerlo, como perro sin correa en la rambla enfrentado a la caravana celeste.
Al pedo intentar dominarla entonces la dejé en random...o shuffle como el Ipod.
Pensamientos inconexos a simple vista pero con un delgado (cuasi invisible) hilo conductor empezaron a autoeditarse en formato videoclip. Me acordé de la primera vez que me dijeron señora. Fue en un vuelo a Santiago, yo tenía 25 años y el comisario de a bordo que bordearía los 20 me preguntó “Pollo o pasta SEÑORA“. Lo más gracioso es que lo quise matar al pobre (aunque mirando fotos de esa época la verdad que no hay porqué culparlo, mi asesor de imagen era Lucifer).
Pero quedé shockeada y los vuelos de LAN nunca más fueron los mismos...
Fast Foward...ya con un 3 adelante (y un cero a continuación), camino a la quinta de una amiga en Buenos Aires con una colega al volante, por los parlantes del Peugeot Ricardo Arjona empezó a enamorarse de una señora de las cuatro décadas.
“Pah te acordás?“ solté mientras hacía un flashback a mis 20 y pocos, cuando el romance del cantante y la “señora“ me parecía algo jugadísimo que solo podía sucederme en un escenario lejano, cuasi futurista.
“Pensar que en breve somos nosotras“ me lanzó sin anestesia...de vuelta, shock y mutis por el foro.
Como decía aquel escrito de Quino, la vida deberia empezar siendo viejo y terminar en un tremendo orgasmo...
Oia, me suena, donde lo ví?
Ajá! Benjamin Button!
Habré descubierto un plagio de proporciones épicas que ni siquiera el autor original pudo desentrañar? Cuanto garpará un juicio por esos derechos de autor? Es lo esencial invisible a los ojos? Habrá un vínculo entre estas cosas o mis divagues son tan tremendos que puedo llegar a vincular cualquier cosa mientras me cepillo los dientes? Estoy bien o me estaré volviendo loca con los años? Tengo más espuma en la boca que una lavadora con sobredosis de detergente concentrado.... evidentemente me tildé. De qué me preocupaba a los 30?...por Dios que pelotuda...de haber sabido! Mejor ahora tampoco me preocupo no sea cosa que cuando me levante a lavarme los dientes una mañana de mis 40 me dé cuenta lo afortunada y joven que era a los 36...
Shuffle off....

sábado, 3 de julio de 2010

CAN YOU SAY CELESTE?


Empezó como siempre empieza por estas latitudes donde el efecto Tequila se volvió Tom Collins, donde predominan los sweaters grises escote en V, donde no hay Farándula con F mayúscula y los programas de chimentos no suman rating. Empezó tibio rayando en pesimista, como somos nosotros los uruguayos, para qué negarlo. Con miedo a festejar mucho o demasiado poco, preparándonos para el peor escenario aunque todo indicara lo contrario, con la crítica en la punta de la lengua y la duda en top pf mind, abriendo el paraguas aunque el cielo pintara celeste y no hubiera amenaza de lluvia.
El Maracanazo lo vimos en imágenes de archivo en blanco y negro, un cuento de los abuelos que rayaba lo mítico en la época del Led y los plasmas: nos hacía falta una victoria a todo color. Entonces la alegría empezó a mutar en entusiasmo y el entusiasmo se volvió euforia. Nadie acierta en las pencas y pocos tienen idea de qué nos espera, pero cualquier cristiano que haya caminado las veredas de Montevideo por estos días de Mundial no puede estar imune a la fiebre celeste.
En la retina se me acumularon imágenes: niños llevando banderas por encima de sus cabezas, altas como estandartes, gente de todos los barrios y en todas las situaciones agolpándose frente a un televisor, los bares rebosando, las caras, los maquillajes y-obviamente- el merchandising cada vez más caro. Pero a nadie le importa y la Celeste no tiene precio, para todo lo demás estará Mastercard... Entonces anoche el paisito explotó, la gente perdió la compostura, se salió de las casillas, se quedaron sin voz, se tomaron hasta el agua de los floreros y todo fue una sola y enorme alegría. Aunque muchos salieron corriendo a integrar el inicialmente fallido charter celeste (hasta en eso fuimos cautos), estar de este lado del Atlántico deja una sensación testimonial que no te sabe a poco. No hay palabras ni formatos de plasma que puedan contener ni contar decentemente lo que pasó ni lo que está pasando...y tampoco sabemos muy bien como afrontar lo que se puede venir. Porque ahora, todo es posible.'
Como escuché por ahí, ya era tiempo de escribir una historia nuestra, que le pudiéramos contar a hijos y nietos. Aunque lleguemos hasta acá, ya llegamos donde hacía 30 años no llegábamos. Y como somos, por eso, estamos contentos.

FOTO: PAJARO SINGER