sábado, 26 de junio de 2010

LA BIFURCADA


Azúcar o edulcorante, cine o dvd, salida de juerga o noche frente a la estufa en casa, familia o amigos, trabajo o placer...últimamente para todo en mi vida hay dos opciones, dos caminos, que se bifurcan en dos, y ese en otros dos, and so on.
Me siento Alicia en el País de las Pesadillas y en cualquier momento espero que la sonrisa del gato de Chesire se me aparezca flotando para que los caminos múltiplos de dos se bifuquen hacia el infinito. Ser o no ser. Ni idea...paso, o tengo que contestar ahora. Por alguna razón tengo la idea de que estoy tomando decisiones vitales, sentimiento incongruente que me demora por demás frente a la góndola de panes del super...¿con o sin pasas?. ¿Serà que estoy decidiendo o flipando nomas? Entonces viene la paranoia del descarte, el reflote de aquel candidato que habías dejado pasar asumiendo que a la vuelta de la esquina estaba uno mejor o el recicle de aquel proyecto para el que no te daban los números que hiciste 40 veces pero que pensás van a darte mágicamente en el cuarentaiunavo intento o los recurrentes flashbacks a hitos de tu vida en los que ibas por la autopista y decidiste tomar el atajo.
¿Que hubiera pasado si en la Pinta, la Niña o la Santa María, alguien se hubiera dormido en el timón y variado el curso 4 grados más al sur?, un detalle, al fin de cuentas que son 4 grados, pero seguro que entonces Cristóbal hubiera gritado "Hielo" ( y no "Tierra") mientras avistaba las Malvinas...O capaz que desembarcaba acá en Montevideo.
Por estos días debería pegarme un sticker de Handle with care en la frente porque es como que caminara en la cuerda floja, cualquier error puede ser fatal. ¿De donde salió esta persecuta? Y yo sin oráculo para consultar...Oia! suena Menphis...y mientras hago la valija escucho la canción.

viernes, 25 de junio de 2010

PICTURES OF YOU


Por tu culpa Robert Smith, por tu culpa, por tu culpa, tu GRAN CULPA. Vos y tu carita border con demasiado make up, tus letras personalizadas y ese sufrimiento emo que en ese entonces no tenía diagnóstico.
Me acordé de vos el otro día de la manera más insólita: pensé que lo había visto y oído todo hasta que escuché Cumbia Dark de las Cumbia Queers. Te preguntarás que hacía yo, precisamente YO escuchando Tropical Punk..bueno,, te podría decir que era por laburo (que es la misma excusa que uso para las horas que paso en Facebook, Youtube y afines) pero la verdad es que aunque algo de eso hubo no pude evitar pensar que si hay algo que tienen esas pendejas es coraje y por eso se merecen mis respetos..aunque a vos te lo hayan faltado haciendo ese cover de Lovesong.
Pero bueno el hecho es que me acordé de vos y revolví mi pila de cds para que me vuelvas a susurrar en los oídos. Cuando uno es más pendex no analiza las letras..las sufre, las grita, se identifica pero la verdad es que no las analiza mucho porque, para empezar, uno se CREE que tiene problemas y le faltan un par de añitos y una colección de palos para darse cuenta que los problemas de verdad vienen después. Que bien que estábamos cuando estábamos mal Robert...seguramente vos andarás pensando lo mismo considerando que no metés un hit desde hace unos cuantos años (FYI: las Cumbia Queers estánd e gira europea). Pero tenés el crédito inagotable de habernos legado ese montón de temones que nos musicalizaron la adolescencia...esa época donde adolescíamos o sea, donde todo nos dolía más de lo que lastima de verdad.
En esa época éramos vulnerables por demás y ahora entiendo lo que decían los “viejos“ sobre las “malas influencias“. Por eso es tu culpa Robert, porque estuve mirando tanto esas fotos tuyas que me creí que eran reales, porque te capté la ironía cuando me dijiste que los chicos no lloraban y recorrí las calles mientras todos dormían. Encima se supone que los viernes tengo que estar enamorada...pero dejate dej....

jueves, 24 de junio de 2010

EL ABRAZO PLAYMOBIL


Noche de entre semana. Reunión improvisada en el 10mo piso del Barco de Piedra, previa parada a despojarme de lo que quedaba del día en mi depto del 6to. Reunión de amigos adorados, maratón de Socias en DVD y delivery coordinado... Catarsis, divagues, puestas a punto -profesionales y amorosas- y ainda mais. Comparamos apuntes del fin de semana, primeras citas, segundas, terceras, aniversarios.
De alguna manera terminamos hablando de lo de siempre...y nos sorprendemos siendo cada día más cáusticos, más prácticos y más expeditivos aún en cuestiones en las que al corazón, supuestamente, le gusta explayarse. Nos devoramos el libro de inteligencia emocional, corrimos con los lobos y quisimos amarnos con los ojos bien abiertos...en definitiva: nos valizamos el camino de tal manera que ahora, después de tanto aterrizaje forzoso, cuando alguien se acerca, solemos reaccionar como el tipo del chiste ese que pinchó una goma del auto a la medianoche en el medio del campo y tuvo que ir a buscar un gato a una casita chiquitiiiiiita alláaa lejos: tanto se manijeó en el camino pensando en lo inoportuna de su emergencia y lo desubicado de su pedido que cuando le abrió la puerta el paisano le tiró un “metete el gato en el c...“ y dio la media vuelta. O sea, para traducirlo a la cotidana contemporánea: si uno respondiera a sus más bajos instintos, la respuesta a “tomás algo? en la barra de un boliche ondero sería: “no sos vos soy yo, perdoname, chau que pasan una de David Ghetta“.
¿Donde quedó el coqueteo? ¿Adonde volaron las mariposas que teníamos on hold en el estómago? Hoy en día pareciera que cualquier demostración de afecto compromete más que firmar como socio solidario en una S.A. después de la reforma tributaria. ¿Donde está el juego? Convengamos señores, hemos presentado a la familia, a hijos, a perros y cuando tuvimos que salir carpiendo nada nos (ni los) detuvo. ¿Qué maldad hay en “jugar a que te importa“, aunque sea un ratito? Seguimos divagando hasta diagnosticarnos víctimas del Sindrome de la Gata Flora: aunque tenemos edad suficiente para haber entendido que el “chico malo“ no es futurable y -literalmente-nos hace mal, de alguna manera que parece dictada por el mismísimo Murphy, al candidato que viene con la vida solucionada y toooodas las ganas de resolversela a una, le falta ese “no se qué“ que tiene el otro cuyo perfil es perfectamente descrito en el índice del Compendio de Patologías de Freud. Y aún cuando una, a punta de puro encanto y buena onda, logra atravesar las barreras de la pose patovica, los brazos cruzados, el semblante de perro bulldog y una corteza de fobia a cualquier tipo de compromiso, justo en el momento en que se apresta a levantar la bandera de la victoria al son de la Marsellesa y con todo el elenco de Los Miserables alentándola en el subconciente, en vez del cálido y contenedor abrazo de oso....viene el abrazo Playmobil.
Y así sin más, entre pizzas del Expreso y copas de Bombay Saphire, uno de los más ocurentes miembros de nuestro grupete acuño el término exacto para ese intento forzado de demostración de cariño que puede llegar a ser tan cómoda como sentarse a cenar en pelotas enfrente a tu suegra y en la silla de un fakir.
Y es que como en todo en el mundo Playmobil, la cuestión es encajar: el abrazo viene pre diseñado y realmente no es muy relevante la figura que se le ponga adentro (son intercambiables, eso es lo divertido remember?), todo le vendrá bien siempre y cuando enganche en el garfio que tiene por mano o en el ángulo recto del brazo elevado. Y bueno.. mucho no se le puede pedir a un muñeco, y menos si es de plástico.
Nos despedimos tirando temas: la próxima, le toca a Pato Aparato.

viernes, 4 de junio de 2010

MISS YOU WHEN YOU ARE GONE


No me acuerdo cuanto me despegaba del suelo pero si sé que mi juguete preferido eran los vasos de helado con una tapita que se convertía en base e improvisaba un molde para los castillos de arena donde era reina o princesa...o las dos. Fue en los tiempos de sol y sal, de días que estiraban las horas desde la mañana cuando solo se escuchaban las gaviotas y el mar hasta la tarde, cuando los grititos de los niños y la conversación de los mayores llenaban la playa. Otras épocas sin pantallas, con cables, en un mundo más lento y genuino, con veranos de tres meses enteros y amigos ocasionales que compartían mis cumpleaños de febrero y que veía partir con dolor cuando los días empezaban a hacerse más fríos y cortos.
Fue gracias a mi juguete preferido, a un helado más dulce que ninguno que, hace 32 años, formé una familia que agrandó la mía, que llegó para quedarse y a hacer más llevaderos los inviernos.
Y junto con ellos lo conocí a él, tan alto que me parecía grande como los edificios que veía cuando levantaba la cara para mirarlo desde abajo, que tenía el color de pelo plata de los abuelos pero era guapo como los papás y que -para mi asombro- sabía amasar la masa tan bien o mejor que mamá. Parco para los saludos y tierno para las despedidas, con una voz que te hacía temer las consecuencias de una travesura pero que podía sacudirte cualquier miedo nocturno de esos que te aterrorizan en la infancia.
Pasó el tiempo y, con los años, algunas cosas cambiaron y otras no tanto, porque aún desde el otro lado del río se las arregló para estar en todas y cada una de las fotos del álbum de la vida y la memoria; hizo reír a mi mamá como nadie con sus ocurrencias, convenció a papá con sus argumentos y festejó, cada vez con menos pudor, cada uno de nuestros éxitos. Pasando revista a todos los eventos que hicieron a esta familia agrandada más tristes o más felices, él siempre estuvo. Fue tío por opción, padre con devoción, abuelo por defecto y padrino de nuestra benjamina por simple adoración.
Lo ví avanzar en éxitos y fracasos, en días y en años erguido en toda su altura, con su malhumor intacto, su ternura siempre reservada y su pelo blanco sin que emblanqueciera ni un pelito más.
Por eso ahora que se fue, me doy cuenta que siempre, de una manera más o menos evidente, lo extrañé. Que me alegré de sus llegadas y lamenté sus partidas. Y que ésta es la que más voy a extrañar.
Hoy cuando llegué a trabajar alguien dejó tiradas al descuido unas palabras de un poeta en mi escritorio: “Si yo muero, cosa difícil dado mi amor por la vida, muero porque he resuelto morir. La única dificultad que no he sabido vencer en mi vida, ha sido la de vivir...“
Y así nomás encontré las palabras que no podía escribir y que le calzaron al tío sibarita, el que nunca dejó de disfrutar un buen viaje, la buena compañía y una buena comida, al que nunca pudo vivir la vida a medias y se fue más temprano de lo que yo, que todavía tengo 4 años en algún lugar, pude jamás imaginar.
Te quiero mucho tío, te veo en otros veranos.

martes, 1 de junio de 2010

LOST


Por estos días todo parece querer recordarme qué tan perdida estoy. Es como que no me funcionara el GPS de la vida, como si todo el mundo titilara en un cardumen en un lado del mapa y yo, un lucerito en la otra punta. No sé que quiero, ni para cuando, ni donde lo podría encontrar....no sé ni siquiera si lo quiero ya a esta altura.
Para peor, los últimos perdidos del siglo XXI dejaron la pantalla chica. Terminó LOST y todos hablan de eso. O sea que ahora me siento más perdida que nunca sin los perdidos de referencia. Ya había dejado de ver LOST...la abandoné en la tercer temporada cuando, como dijo Jay Leno, la única explicación que podía convencerme era que uno se despertara y dijera: “no sabés el sueño que tuve, un viaje!!“. Ahí ya me pareció que había perdido la mística, que la habían complicado al pedo. En el camino enfermé a unos cuantos que se volvieron adictos y ahora no tienen tema de conversa conmigo. Hasta he puesto en riesgo alguna que otra amistad por cuestionar que Abrams, Lindelof y Lieber hayan sido tan baratos de recurrir a una imagen de archivo (la del avión hecho paté descubierto en el fondo del Pacífico) y un levante de la apertura de The Big Bang Theory para explicar los últimos 4 años en 15 segundos...muchachos...sí pudieron con Alias pero evidentemente no con esto.
Y bueno...una quedó así, como LOST, perdida pero sin la posibilidad de una explicación lógica a la situación que empeoró cuando constaté que en un par de semanas nomás estamos a mitad de año.
Siento que ayer desarmaron los arbolitos en los shoppings, que hace un rato festejé mi cumpleaños y que recién empiezo a acostumbrarme al frío...
Y si la verdad no dá para ficcionar, nos espera entonces un largo y gris invierno....