miércoles, 26 de mayo de 2010

TE PIDO UN TAXI


Tarde de domingo. Desparramada en un sillón que parece querer robarme las escuetas horas que le quedan a este fin de semana tan invernal descubro un titulito vertical que me chista desde la biblioteca de mi amiga. Se llama “Te pido un taxi“. Así sin anestesia, sin signo de pregunta que habilite a un “no, gracias...“. “Te pido un taxi“ se llama el librejo...mirá vos. Me suena, nos suena a todos los que nos hemos resistido a dejar que se rompa el hechizo con el primer sol de la mañana, a los que tenemos el síndrome vampiro del amor y nos cuesta amanecer acompañados. Mi amiga llega con té y galletitas, que paquetas que estamos...o que viejas por Dios! Con una cerealita en una mano acaricio los vértices de la pantalla de mi laptop en un intento por convencerme que si el té se acompaña de un Powerbook G4 en la falda entonces no estamos taaaan pasadas de años.
Le pregunto: “¿Y de que viene ese librito que tenés ahí?“.
“La típica novela de mina canchera que pasó los 30 hoy, son dos chicas hartas de besar sapos. Novela rosa contemporánea digamos, está ahí, bien“ me responde con una mueca poco convincente.
Así que así está el mundo amigos, ya no es “Amor sin barreras“, “Te acepto como eres“ o hasta “El engaño de mi marido“, ahora, después de los 30, no te pido el divorcio, ni te pido un tiempo...cuando la cosa no dá para más te pido un taxi y listo. El poder de síntesis suele ser un arma tremenda y cruel.Pienso en la pobre Corín Tellado. Bah, en realidad pienso que fue afortunada en caminar por esta tierra y facturar como loca cuando el amor todavía estaba en los tiempos del cólera (y pensar que Andrés Amorós desarrolló toda una sociología de la novela rosa gracias a ella!).
Pero bueno, aquí estamos, tomando té con galletitas e intentando recordar cuando fue la última vez que amanecimos en casa ajena, o alguien vio la luz del día entre nuestras sábanas...mmm hace mucho, mucho tiempo y en un reino muy lejano.
La verdad es que por lo general la situación no deja de ser algo incómoda: para empezar, si terminó donde terminó, probablemente empezó en otro lado y el reguero de pólvora hace que vayas rastreando las pilchas de la cama al living. Todo intentando disimular los «detallitos“ de nuestro más que decente aunque imperfectísimo físico, que la veladora del susodicho con la bombita de bajo consumo supo convertir en sugerentes. Si sos previsora seguro llevaste cepillo de dientes y make up en la cartera...si sos hombre seguro que no solo no llevaste nada de eso sino que, aunque tengas 10 kilos de más, te paseás en pelotas sin problemas ni cuestionamientos. Pero, más allá del sexo o el grado de conocimiento, dentro de ese “falso ritual marital“ que se genera en la mañana después de esa “primera vez“ (sobre todo si cayó fin de semana porque entre semana el trabajo es el mejor salvavidas) es inevitable que se ofrezca al menos un café, se intente disimular la falta de confianza en el baño y se murmure alguna excusa improvisada que permita camuflar la urgencia por retornar a terreno conocido.
Y en eso no hay distinción de género porque desde hace ya un rato que las mujeres reinan sobre sus propios dominios (aunque sean monoambientes de 50 metros con balcón). Hoy por hoy, las féminas están tan registradas en el 141 como los hombres, entienden cuando la fiesta se terminó y también piden taxis en la madrugada....y un helado poco antes de que den las diez.

domingo, 23 de mayo de 2010

ALGUNOS SINTOMAS DE QUE UN HOMBRE IS IN DA HOUSE


1. Finalmente se cambia la bombita que se quebró y quedó con la base adentro del portalámparas.
2. Todos los falsos contcatos se resuelven: el de la aspiradora, el del teléfono, el de la heladera..
3. En el placard de la limpieza aparece una caja de herramientas con un kit básico de supervivencia
4. La taza del water queda siempre levantada y la cortina del baño corrida en el mismo lugar que la dejó al salir de la ducha.
5. Hay un cepillo de dientes que no conocés en tu porta cepillos de Hello Kitty.
6. Definitivamente, se instala el cable...y el paquete con las señales de fútbol.
7. El delivery del bar de abajo extraña tus pedidos y la cocina exhibe rastros de actividad culinaria.
8. Hay cerveza en la heladera y whisky en el bar.
9. Las sábanas tienen el aroma de las dos versiones de Polo Ralph Lauren.
10. Cuando llegás al laburo...te lleva dos cafés al menos borrarte la sonrisa...

miércoles, 19 de mayo de 2010

EL PODER CANINO


El otro día pasando rápidamente por las páginas de una revista poco memorable me encontré con un aviso con el siguiente titular: “Ya no se necesita un labrador en la foto para tener la imagen perfecta‘...Retrocedí desde las páginas del horóscopo para cerciorarme que había leído bien y que tal “pieza“ publicitaria no era fruto de la imaginación de una fémina con las características que tanto hemos descrito en este blog.
Pero no... ahí estaba, la foto de una familia “perfecta“...sin perro y con un montón de impresoras a chorro de oferta rodeándolos.
Más allá de que, por deformación profesional, no pude evitar pensar que hay colegas que se ganan la plata de una manera poco honrada y que, efectivamente, la creatividad está en crisis, me puso a reflexionar sobre el “factor canino“ y ese mito popular que ha convertido a los labradores, por ejemplo, en el elemento imprescindible para completar la postal propia de Wisteria Lane (¿o debería decir Histeria Lane?). Porque, seamos honestos, un cuzco de la calle con 14 razas encima no vende: el abanico se limita al labrador o caniche-jack russel o bulldog francés, dependiendo si el producto es familiar o ideal para jóvenes adultos de segmento ABC1 solteritos o divorciados, sin apuro ni hijos y con un montón de plata para gastar en ellos mismos...y el perro. Y sí, es una verdad universal: sin pedigree, no hay cash...
Lo cierto es que he conocido en persona a sujetos que han recurrido al “mejor amigo del hombre“ como recurso para el levante, solo para descubrir que van a seguir solteros y con una serie de obligaciones que no tenían en mente. Ni que hablar de aquellos que salieron corriendo a la veterinaria para volverse con un gato que los acompañara a comer pizza y mirar la comedia en las frías y solitarias tardenoches de invierno, abrazándolo mientras se les pianta un lagrimón porque pareciera que la novela es una autobiografía. Me resisto a los gatos: para mí son sentencias de soltería y siempre tuve esa pesadilla típica de peli de terror de bajo presupuesto de la señora sola del 5to B que muere y es parcialmente devorada por sus hambrientas mascotas hasta que la descubren como un mes después porque nadie, ni los gatos, la hechan en falta. Por eso prefiero los perros, que son capaces de guiar ciegos bajando casi 40 pisos de una de las torres gemelas en pleno 11 de setiembre...eso es una mascota! Pero el perro como elemento realmente funcional es un bien de raro uso, el tema es más psicólogico y el peso que llevan sobre sus lomos bastante más complejo: he podido constatar que incluso en familias ya constituídas, con casa en barrio privado, regios trabajos, el combo auto para él + camioneta 4x4 para ella y depto en Punta, no falta quién te dice que compró el perrito para “entretener a los niños“ , todo mientras lo baja del pescuezo del sillón del living, le lanza la sarta de improperios que no pudo tirarle al jefe en el trabajo y maldice el día que pasó por enfrente de la veterinaria de la galería comercial del Geant. ¿No era más fácil cuando los padres entretenían a sus hijos y no le dejaban el laburito a un cuadrúpedo? Pero claro, el bicho en cuestión no renunciará, ni exigirá salario vacacional y aguinaldo y ciertamente no le irá muy bien si se presenta en el Ministerio de Trabajo.
Pero volviendo al tema del perro como imán para solteros. Leí recientemente que un estudio realizado por la agencia alemana de búsqueda de parejas por internet ElitePartner, que el perro es “el rompehielo ideal“. El sondeo, realizado a más de 4.500 personas y hecho público online, destaca que el 71% de los encuestados encuentran "especialmente atractivos" a los propietarios de perros de las razas labrador y golden retriever. Por otro lado, los caniches, pinscher enanos, pitbull, rottweiler o bullterrier vendrían a ser lo más bajo en el escalafón del levante perruno. Me dejó azorada...
Luego de mi reciente mudanza que me devolvió a mis “pagos“ originales a una cuadra de la Rambla, dispuesta a poner a prueba la teoría (y darle una mano a una amiga dueña de un perro, un gato y unos horarios de trabajo más imprevisibles que los resultados de la selección uruguaya en el Mundial), retomé mis corridas por la rambla, ocasionalmente acompañada por la perra de mi amiga María. Lola es un Jack Russel (¿se acuerdan el perrito de la película de La Máscara, con Jim Carrey? bueno, ése)...ciertamente no es mi tipo de perro, para mí los perros tienen que ser grandes y brutos, todo lo demás es de señora mayor o multimillonaria norteamericana o europea y yo no encajo en ninguno de los dos casilleros...pero el bicho laburó para ganarse mi cariño y por ello se merece mi respeto y ser mi compañera de footing. Tendrá patas cortas, pero energía le sobra y cada vez que corre me hace acordar a Maradona en el memorable partido contra los ingleses...
La cuestión es que, aún en contra de mis teorías sobre el tema, desde que salgo a correr con la perra, no han faltado los comentarios “accidentales“, las paradas improvisadas para preguntarme una serie de características de la raza las cuales desconozco completamente y hasta las miradas cómplices de algún que otro ejemplar más que potable.
Por supuesto que, si mi relación con la perra fuera utilitaria, la misma no sería de mucha ayuda ya que, como mujer que es, hay que ganársela y ya le ha mostrado los dientes a más de un “interesado“. Además una sale a correr, no a hacer sociales...
Pero tengo que confesar, que el día que le mueva la cola a alguno, tal vez pueda considerar que los perros no son los mejores amigos del hombre, sino el mejor filtro para las mujeres...pero seguiré convencida que, en definitiva, el mérito no es del perro, sino de quién le rasca el lomo.

martes, 11 de mayo de 2010

SEXUAL HEALING


Tonight I was brought to you with the only purpose of becoming your sexual slave. That´s why tonight you have the freedom to do whatever you feel like with me. You can go either way, tonight there is no difference between me and the rotten meat they feed you with everyday. Tonight you locked me up and held the key. Just for tonight, you are free to keep your crazy ways and be my master. And maybe (just maybe) I might agree... But tomorrow, tomorrow I won´t be here. And just as the empty plate of rotten meat vanishes every morning with the first glimpse of the sun, I´ll leave your domain...holding the key.

martes, 4 de mayo de 2010

LA VENGANZA DEL DIAZEPAN


Hace un par de años una muy buena amiga flipó con todas las de la ley: es decir, la situación combinada de un trabajo que no solo no quería sino que además requería nervios de acero, sumada a una ruptura sentimental, la lejanía geográfica de su familia y la incertidumbre de su futuro en este país la superó lo suficiente como para dejar de lado su férrea aversión a los medicamentos con receta verde y recurrir -finalmente-a un psiquiatra. No es que quién les habla sea ferviente defensora de los químicos ni mucho menos, pero convengamos que en la era del Prozac para muchos la felicidad viene en blisters de 2 miligramos y, si bien el psicoanálisis sigue siendo una muy buena manera de hacer turismo interno, la realidad es que mientras revisamos toda nuestra infancia, culpamos a nuestros padres de casi todos nuestros errores y vamos dejando nuestra silueta marcada en el divan, las probabilidades de salir rápido del problema son escasas. O sea si una tiene digamos 30 y luego de 10 años de consultorio recién va sacando conclusiones de su pre-adolescencia....los dilemas propios de los 30 los resolverá probablemente en una casa de salud. Y eso no es práctico...
Así que después de verla bajar estrepitosamente unos cuantos kilos de forma alarmante y malsana, acompañarla en maratones interminables de Sex and The City y Will and Grace y presenciar como se preparaba para hibernar en el sillón del living con un paquete de Kleenex siempre a mano, amparada en la tan extensible y uruguaya licencia médica, logramos llevar del jopo a mi amiga a su primer encuentro con los psicofármacos.
La susodicha regresó del consultorio con un arsenal de coloridas recetas para casi todo: para no acostarse mal, para no levantarse peor, para no llorar tanto, para no guardarse las lágrimas, para poder comer algo más que nada y, por supuesto, para sobrellevar el peor momento del día: la noche...durante la cual no podía pegar un ojo.
Considerando la combinación y el pánico que la paciente declaraba frente a la posibilidad de experimentar aquel estado que Pink Floyd tan bien describía como "comfortably numb", la psiquiatra -mujer ella-decidió darle un hipnótico para dormir lo cual la "induciría" al sueño.
Por si no lo saben un hipnótico te deja más o menos como a la gallina de Tu Sam, es decir, completamente kaput pero con algún resabio de conciencia...obedecés órdenes, obedecés instintos, podés incluso realizar algunos actos cotidanos como lavarte las manos pero salteándote etapas y poniéndote el jabón sin abrir la canilla...todo esto a minutos de caer desplomada donde te agarre el sueño fulminante para levantarte a la mañana siguiente (idénticamente vestida que a la noche anterior) con el despertador (o incluso antes) sin ningún tipo de resaca o lentitud aparente.
A los psiquiatras les gusta decir que un hipnótico induce al sueño...yo prefiero ser realista y decir que te tumba a la fuerza. Por eso al famoso Dormicum (de ese fármaco se trataba), me gusta llamarlo cariñosamente Dormituc...
Y lo digo con conocimiento de causa porque tuve mi propia experiencia con dicha prescripción, allá por mis 19 añitos cuando estudiaba dos carreras, hacía mis primeras armas en producción televisiva y era capaz de comer, manejar y hablar por teléfono al mismo tiempo lo cual, obviamente, derivó en un serio agravamiento de mis casi congènitos problemas de sueño el cual los médicos decidieron reencauzar con un paquetito del tan "convincente" medicamento. Recordando un sonado evento en el cual, caminando dormida bajo los efectos de la pastillita bajé a hacerme un Tang y terminé prendiendo una hornalla de la cocina, todo bajo los horrorizados ojos de mi madre que llamó urgente al psiquiatra convencida que la nena se drogaba, no pude menos que advertirle a mi amiga: tratá de tomarlo cuando estés acostada y es preferible que estés acompañada...por lo cual me ofrecí a hacer de chaperona, al menos por las primeras noches del experimento.
Todo parecía ir bien, y yo respiraba tranquila viendo como el sueño le ganaba la batalla a la tristeza y las preocupaciones y, poco a poco, iba borrando las ojeras de una cara cada vez más repuesta. Unos días más tarde me relevé de mi puesto de enfermera honoraria... A la mañana siguiente recibo un nervioso llamado de mi amiga que me convoca a su living y frente a la pantalla de su computadora. En su Bandeja de Entrada de Hotmail, en negritas! estaba un RE (o sea una respuesta de alguien a un mail suyo) cuyo subject rezaba NACHO. Para quienes no cuentan con el cv amoroso de mi amiga, NACHO fue su profundo y turbulento amor de la adolescencia que se prolongó hasta los primeros estadíos de la juventud adulta en una serie de idas y venidas propias de una obra de Corín Tellado, con casamiento del susodicho del subject incluido (con otra por supuesto).
-" ¿Y para que le escribiste un mail a Nacho?"-pregunté con cara de asombro...
-"Maca es que no me acuerdo de haberle escrito un mail a Nacho...hace 16 años que no hablo con él ni tampoco sé como me hice de su mail...".
La verdad ahí me entró un poco de miedito y no pude evitar acordarme de la "mamá" de Norman Bates...me corrí un almohadón de distancia...
-"Y qué dice?" le pregunto (y me pregunto).
-"No sé, no me animo a abrirlo, pero evidentemente lo debo haber mandado yo"- replica con cara de circunstancia.
-"Y sí nena, las máquinas no se equivocan, se equivoca la gente y aunque te hubieran hackeado la cuenta, la verdad es que más que un hacker sería un adivino si puede adivinar quién fue tu primer novio...y además ubicarlo! ¿Vos anoche tomaste el remedio?", mis antenitas de vinyl están considerando un episodio similar al incidente Tang...mmmm.
-"Si claro.."respondió con aire responsable.
-" Y bueno, ahí tenés el resultado..." le contesto.
Silencio...y risas en estéreo.
Nos aflojamos y abrimos el mail en el cual una versión muy dopada de mi amiga escribía como si se hubieran visto ayer y le comentaba, como al pasar, que "había pensado en él y queria saber en qué andaba..". La verdad es que, según reportaba el susodicho, la vida del tipo que tantas lágrimas le había robado iba de mal en peor (lo cual era obvio por la celeridad del RE:, o sea, la respuesta), que la "compañera de su vida" que tanto lo entendía allá en los 90s se habia convertido en una bruja de ruleros y palo de amasar en mano, que sus dos hijos eran unos malcriados y que junto con la paciencia también había perdido su trabajo y su estatus de casado, iniciando un inminente divorcio del cual -por supuesto- culpaba a la "bruja" de su mujer.
Bautizamos el incidente como "la venganza del diazepán" porque, aún rota como estaba la pobre de mi amiga, el famoso hipnótico logró darle la fuerza para revolver en su pasado sin necesidad de recostarse demasiado en un diván...todo para ver que a veces a las decisiones equivocadas, solo les resta un tiempo para convertirse en las correctas.
Unas semanas más tarde, la cajita de Dormituc y todo el recetario pasó a mejor vida... y ella a una vida mejor.

lunes, 3 de mayo de 2010

SOY UNA AMEBA


He llegado al punto de agotamiento total. Si me pasan un control remoto deberá estar a la distancia máxima correspondiente a mi dedo anular. Si suena el celular lo silencio, no lo atiendo. No puedo esbozar más palabras que “mmm“, “si“, “no“, “ajá“...no es una buena conversa. Estoy sentada en mi escritorio con las piernas para arriba y la laptop en la falda y el único movimiento que me habilita mi anatomía es a teclear estas magras líneas sin destino certero. Tengo que rejuntar mis petates y me parecen un montón. Mejor los dejo... Pero la billetera me la tengo que llevar o no voy a poder pagar el taxi. La billetera quedó en el escritorio de enfrente..lejísimos. Tengo que llamar al taxi, o sea tengo que mover los dedos y hablar con una máquina...por lo menos tengo el inalámbrico enterrado en algún lugar en la falda y no tengo que darle la dirección a Celeritas, la máquina ya sabe. Pero tengo que bajar en el ascensor, o sea, primero lo tengo que llamar y esperar parada con el bolso a cuestas a que llegue al piso 10. Y me duelen los pies..y me van a doler más esperando.¿Y si me quedo así hasta mañana? Mañana a la mañana voy a ser un mess total....Tengo hambre. Hoy desalmuercé un paquete de Doritos y 2 litros de Coca Light, pero no tengo fuerza ni para masticar así que cuando llegue solo pienso en arrastrarme a la cama. La camucha...mmmm. Estos son los momentos en los que me encantaría que la teletransportación no fuera patrimonio exclusivo de los trekkies...seguro que si grito “Beam me Dr Spock“ no pasa naranja y sigo acá, con las piernas encima del escritorio y la laptop en la falda a las 12 de la noche...Y ahora entró una polilla. Le tengo pánico a todo lo que vuela en forma errática y a pesar del ingreso del insecto no alteré mi postura corporal en lo más mínimo. Pienso que tengo que cerrar la ventana...pero lo pienso nomás y se la dejo abierta a la polilla que me dá pánico. En realidad ahora que lo pienso le tengo pánico a todo lo que se comporta en forma errática (incluido los hombres). BUEH... me puse demasiado ácida...definitivamente es momento de retirarse...Y con esto y sin bizcocho, hasta mañana a las 8...

sábado, 1 de mayo de 2010

MOVING ON UP


Hoy me mudé por decimoséptima vez en mi vida adulta. Entiéndase adulta por el lapso de tiempo transcurrido desde que dejé la casa de los viejos a los 20 hasta hoy....16 años después.
Hoy me mudé y la experiencia me resultó surrealista porque, como todo en la vida, los años nos dan nuevas perspectivas y también, nos vuelven a poner en lugares conocidos.
Recuerdo con cierta nostalgia mis primeras mudanzas. Cuando planificaba con antelación cada paso del gran evento y el solo hecho de ir al super a buscar cajas de cartón (que en los primeros derpas oficiaron hasta de mesitas de luz) me llenaba de emoción. Tan llena de energía estaba que embalaba cada adornito, hacía inventario del contenido de las cajas al irme y al llegar pintaba de colores las paredes de mis nuevos hogares, habilitaba estufas a leña, reacondicionaba jardines y hasta levantaba paredes...
Me acuerdo de mi primer mudanza a los 20: cuando el de la inmobiliaria me entregó las llaves yo me sentí poco menos que dueña de un castillo. Firmé a las 7 de la tarde y solo había un juego de llaves disponible, pero esa misma noche estaba decididísima a pernoctar en mi nuevo domicilio y por eso pasé por lo de una amiga que, mudada ya a su segundo departamento, me cedía gentilmente una cama sobrante...doble plaza!
Tan emocionada estaba que nunca se me ocurrió probar como funcionaba la llave de abajo y quedamos las dos a las 12 de la noche en la puerta de mi nuevo domicilio (sin portero) con la cama a cuestas. Tiritamos de frío hasta que un vecino que volvía a casa trasnochado fue lo suficientemente gentil (o inconciente) de abrirnos la puerta del lobby y dejarnos pasar con cama y todo. Ahora que lo pienso, dos rubias de 20 años con una cama desmontada no deben representar una amenaza para casi nadie...menos si fueron tan tontas como para quedarse afuera.
También recuerdo cuando me mudé a mi segundo departamento... y antes de dejar el primero pasé 4 días brocha en mano intentando que la pared del living que había pintado de azul eléctrico volviera ser blanca como lo estipulaba el contrato original. O mi primer casa con jardín, con aquella cocina pintada al aceite en los 70´s de color verde heladera que insumió la misma cantidad de pintura blanca que se podría haberse usado para restaurar el obelisco antes de quedar decente.
Con el tiempo las mudanzas dejaron de ser emocionantes y pasaron a ser un inconveniente, un trámite para el que nunca había tiempo y a veces ni ganas. Alguna incluso fue resultado de alguna separación en la que una hizo “abandono de hogar“ y dejaron un sabor lo suficientemente amargo para sentirnos incomprendidas por cualquier inmobiliaria. No importaba si era luminoso, si tenía vista, incluso si era más grande, nada nos venía bien y todo se comparaba a “aquel“ departamento que decidimos dejarle al susodicho porque “no queríamos vivir en un museo de recuerdos“. Tontas, tontísimas...pero de todo se aprende y así es que una entendió que las rupturas son excelentes oportunidades para redecorar y que no en vano en el mundo inmobiliario todo es “location, location, location“. ¿Dejar ir a un hombre que no vale la pena?, eso es ser inteligente, pero abandonar un 3 ambientes con terraza y vista a la Rambla es el mayor acto de estupidez que una mujer puede cometer!
Pero lo de hoy...lo de hoy sí ya me convierte en una mudanzera diplomada. Atrapada entre un importante lanzamiento de mi empresa el jueves, el nacimiento de mi sobrina la misma noche y una agenda laboral demencial el viernes, el sábado de mañana (o sea hoy) no solo me encontró agotada sino con todos los elementos de mi hogar (que por suerte son escasos porque estoy cada vez más minimalista) en el mismo lugar que estaban el día que me mudé. Me acompañó en el evento un amiguísimo que puede haberme faltado en algunos momentos de mi vida pero si hay algo en lo que nunca me ha fallado (ni yo a él) es en una mudanza...de hecho, como lo hablábamos, nos daba la impresión de siempre estar mudándonos. Sin ir más lejos, su currículum es, en este campo, realmente impresionante: dos países y 6 locaciones distintas en el último año y medio. Filosofábamos al sol sobre el tema mientras nos tomábamos una Coca Light en la terraza de mi inminente ex casa y todo seguía sin embalar...
Así que empezamos por bajar lo primordial: el sommier, el cual fue entregado nuevecito de paquete por dos peones que lo supieron hacer subir en el mismo ascensor por el cual nosotros no logramos hacerlo bajar de ninguna manera. El resultado fue un descenso apoteósico de 14 pisos por escalera del mueble en cuestión el cual, llegado un punto, tomó vida propia y empezó a bajar pisos solito a una velocidad crucero considerable, dejándonos a mi amigo y a mi con la sola tarea de dirigirle la bajada: él intentando sortear los matafuegos y las luces de emergencia de la escalera y yo haciendo lo posible para que no me pasara por encima y llegara al subsuelo a más de 80kms por hora. Después vinieron los bolsos y bolsitos, cajas y cajitas, marcos y marquitos, cuadros y cuadritos...y todo mi guardarropas envuelto en atados hechos de 6 sábanas de dos plazas. A esa altura el portero ya dudaba si estábamos mudándonos o si éramos una especie de Bonnie and Clyde deshaciéndonos de la evidencia de un asesinato múltiple en un piso 13.
Con la Ranger de mi amigo convertida en un carromato gitano, recorrimos las 25 cuadras hasta mi nuevo domicilio con Money, money de ABBA sonando a todo trapo...para el que quisiera escuchar. “Money, money, money, can be funny, in a rich man´s world“, pero en esta vida de mudanzero honorario el dinero es un detalle menor porque nada te hace sentir mejor que despatarrarte en un sillón con un vaso de algo helado, después de 6 horas de trabajos forzados, sintiendo que los biceps, triceps, aductores y demás están al palo sin que hayas gastado un mango en el gimnasio.
Ahora los dejo y me voy a tomar un Perifar Flex porque ya no tengo 20 y lo que sí tengo es ciática y todo mi ropero esperándome encima de mi cama.